Uno de los
problemas educativos al que nos enfrentamos es que la escuela actual se encuentra
anclada en un sistema industrializado, basado en la linealidad y en un enfoque
tradicional que dificulta el desarrollo de la creatividad. La enseñanza se
sigue apoyando en los libros de texto, carentes de creatividad e innovación. Un
alto porcentaje de profesores de educación infantil, se siguen apoyando en el
sistema de fichas como único método educativo y por otra parte existe la
presión por parte del contexto familiar como de otros ámbitos, de que los niños
terminen la etapa de infantil leyendo y escribiendo, ignorando el desarrollo de
la creatividad, la reflexión y el pensamiento critico. Por ello es necesario
que la escuela se transforme, se necesita una revolución del sistema educativo.
El
talento humano es muy diverso, y por ello desde una escuela inclusiva, donde se
eliminen las desigualdades y se reconozcan las diferencias garantizaremos la
igualdad de oportunidad a todos. Uno de los problemas que se plantean, es la
frustración de alumnos que no están motivados, no encuentran satisfacción ni
emoción en lo que se les enseña en la escuela, por ello hay que fomentar la
creatividad, trabajar por la ilusión y la pasión. La educación debe basarse en
conocer a cada uno de nuestros alumnos, saber cuales son sus motivaciones e
intereses, cómo aprenden para de este modo desarrollar su potencial.
Por
otro lado, no tenemos que jerarquizar ni fragmentar las materias, no podemos
disociar el intelecto de la emoción. La educación debe ser holística,
integradora e interrelacionada. La escuela debe ser un banco de
experimentación, donde el niño disfrute de sus descubrimientos, surgiendo de
esta forma natural su interés y motivación. El aprendizaje debe trabajarse de
forma cooperativa, siendo fruto de las aportaciones de todos y de todas. Todo
lo aprendemos entre todos.
La
creatividad en la escuela actual se fomenta de una forma muy escasa, se enseña al niño a moldearse a una serie de
patrones establecidos, al profesor le interesa que los niños contesten lo que
se espera acerca de unos determinados contenidos y que los estudiantes no se
salgan de las rutas trazadas. ¿Cuál es el éxito escolar? Sacar buenas notas, y
quienes lo hacen son los que se adaptan mejor al sistema educativo, son los que
siguen los patrones establecidos, sin arriesgar, sin crear ni innovar. ¿Cómo
son nuestros exámenes? La gran mayoría se basan en repetir una serie de
términos, de conceptos. No se hace pensar, reflexionar, crear y el conocimiento no llega con la memorización
de hechos aislados sino con la capacidad de razonar, y a través de la práctica se
trabaja activamente poniendo en funcionamiento mecanismos búsqueda, estudio,
experimentación, de reflexión, de aplicación y de comunicación, es decir, hay
un dicho popular que resume lo dicho: “Lo que se oye se olvida, lo que se ve se recuerda y lo que se hace se
aprende”.
Pero,
¿ahora que sabemos cuales son los problemas, que soluciones podemos darles?
Creando una escuela donde nos
aprovechemos de toda la diversidad del alumnado, favoreciendo una educación más
individualizada para ver cuales son las necesidades, motivaciones e intereses
de nuestros alumnos para que así desarrollen su potencial, su talento. Utilizar
una comunicación bidireccional tanto de profesor-alumnos como de alumnos-
alumnos, ya que de esta forma se favorece la participación de todos,
propiciando la cooperación entre todos los participantes en el proceso de
enseñanza-aprendizaje. Respetando los estilos y ritmos de aprendizaje de los
alumnos y trabajando por competencias. Evaluando dando más importancia al
proceso que al resultado en sí. Creando un ambiente de seguridad y confianza e
involucrando al resto de la comunidad educativa. Sin olvidar, que debemos
adaptarnos a un entorno y contexto de nuestro alumnado.
Debemos
utilizar una metodología constructivista, partiendo de un aprendizaje activo,
cooperativo y por descubrimiento, que despierte y fomente el interés, la
motivación y la creatividad de los alumnos.
Es
cierto que podemos encontrarnos con políticas educativas y centros escolares
tradicionales, cerrados a un cambio, presión por parte de las familias que dan
más importancia a las materias de lenguaje, matemáticas, ciencias y no a la
creatividad e innovación.
Podría
parecer una utopía, pero poco a poco empieza hablarse más de esta revolución
del sistema educativo, de este cambio, y aunque quede camino por recorrer
empezamos a crear la escuela del siglo XXI.

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